jueves, 27 de marzo de 2014

Final de la historia

Fuma un último cigarrillo mirando el paisaje urbano que entra por la ventana. Ella mira su espalda recortada a contraluz y sabe que se irá, pero tiene la esperanza de volver a verlo. Él aplasta la colilla contra el mismo cenicero que compartieron tantas madrugadas y, sin decir nada, se encamina hacia la puerta.

Ella hace amago de levantarse, pero quizá piensa que es tarde y, sin decir nada, vuelve a quedarse sentada mientras él, que no la ha visto, toma su abrigo y se va.

Quizá podría haber dicho algo; haber gritado ¡te dejaste el tabaco! No creo que hubiera sido buena idea. Tampoco debe creerlo ella, porque espera a oír el portazo antes de comenzar a llorar en silencio.

Pequeño egoísmo.

No es que el mundo gire conmigo. Es que en este momento soy yo quien hace girar el mundo, quien lo agita. Los sentidos —vista, oído, incluso el tacto— actúan por sí mismos, mueven por sí mismo el cuerpo. Yo no veo, no escucho, no toco sino el todo. Extático, debería salir de mi, volcarme, aprovechar la ocasión para acercarme a otro cuerpo humano. Pero no estoy aquí, sino en las luces, la percusión machacona, la melodía ondulante. Estoy en otra parte. Y si por casualidad estoy en ti, perdóname, pero no me doy cuenta.

Podría ser un esclavo de la técnica, de la regla, de la disciplina. Quisiera serlo, pues esa es la verdadera danza. Soy un esclavo del instinto. Pero este animal que me lleva tiene instintos inusitados y le basta con irrigar el cuerpo de endorfinas a través de ese pequeño fracaso que es el arte por el arte.

Quisiera bailar contigo, créeme. Pero al final, incluso así, estaré solo.

Y no creas que me enorgullezco de este pequeño egoísmo, o que lo utilizo como excusa. Soy consciente de que el mundo se me acaba y me rodea la soledad de las multitudes. Pero ¿cómo salir fuera, si yo mismo he ido construyendo, capa a capa de nácar, el caparazón que me rodea?

No te aflijas por mi, sin embargo. Escucha la música. ¿No crees que es el momento de que volvamos a la pista de baile?

miércoles, 26 de marzo de 2014

Borges y los borgianos

Pierre Menard escribió en cierta ocasión que un ejército de monos tecleando al azar acabaría algún día por producir las obras de Borges. La frase no era original, pero todos sabemos que para el señor Menard la originalidad estaba sobrevalorada. En cualquier caso, los monos tendrían un gran trabajo para llenar los anaqueles de la biblioteca de babel, y aquel que los recorriese eligiendo cuidadosamente las páginas correspondientes al genial ciego terminaría probablemente por extraviar el sendero.

Por eso parece oportuno que sea el propio Borges quien reconstruya las obras de Pierre Menard y de tantos y tantos sabios que pueblan aquel otro universo que no es sino una biblioteca.

martes, 25 de marzo de 2014

Buscando una historia

Hace tiempo que en mi cabeza no hay una sola historia que merezca la pena. O quizá las hay, pero intuidas. Cuando por fin salta una, es pueril, trivial. Y si por casualidad es profunda, entonces no logro encontrar el tono y me pierdo en divagaciones descriptivas que no vienen al caso.

Quizá algún día deba apuntarme a un taller literario para lograr infundir vida a mis historias, hacerlas salir de mi cabeza y caminar ante los demás. Pero en parte me da miedo: como decía Martí, «Mi pena es mi hija, mi hija / no me la han de ver jamás». Sí, quizá me de miedo poder contar lo que tengo en la cabeza.

Mientras tanto, dejo pasar el tiempo aporreando el teclado, escribiendo insulseces en este blog y en otros lugares y, sobre todo, dejando de vivir. Y es que para narrar hay que vivir ants, o eso dicen los norteamericanos. Claro que, bien pensado, tan importante es el descubrimiento de la juventud y la vida que valió elogios a Ferlosio, Marsé, Mañas y tantos otros como el de la vejez y la muerte que se los valió a Landero. Y a este paso, no me quedará otra que empezar a cantar el gozo de haber dejado irse los mejores años y las energías de la mocedad.

Por qué nos gusta Agatha Christie

Debe de ser que nos gusta la sorpresa. Aunque sepamos que nos engañan, que al final el asesino será quien menos esperamos. El primer muerto de la historia, el propio detective, todos los sospechosos en masa. ¡Es un truco tan viejo! Lo que cuesta, realmente, es que nos sorprenda.

Nos gusta Agatha Christie por lo mismo que nos gusta Amenábar. Por más que sea poco original (ya hicieron lo mismo M. Night Syamalan en El Sexto Sentido y Philip K. Dick en Ubik), al final no caes en la cuenta de que el protagonista está muerto desde el principio. Es la sorpresa, la voluntad de sorpresa. Al final, lo que nos gusta de Agatha y de sus seguidores es que consigan hacernos olvidar que ya sabíamos como acababa la obra.

viernes, 21 de marzo de 2014

Notas

Apruébeme, profesor,
profesor, apruébeme.

Con la sonrisa en los labios
como si no te importara,
vas repartiendo derrotas.
Sabes en tu interior
que el alumno ha suspendido,
www pero que tú has fracasado
. Apruébeme, profesor,
profesor, apruébeme.

(17/3/2014, 16:00)

jueves, 20 de marzo de 2014

Cítricos

Cuando eras niño
no pelabas la naranja:
la cortabas por la mitad
y sorbías con fruición cada hemisferio,
cada casquete polar de la naranja.
Pero luego creciste
y algún compañero de colegio
te afeó la conducta
así que aprendiste a pelar cítricos.
Hoy vives solo, y en soledad recuerdas
aquellos momentos del colegio ante tu postre,
pero ni aun así te atreves
a sorber la naranja:
¡Fuerza de la costumbre,
qué poderoso es tu imperio!
(17/3/2014, 16:00)

miércoles, 19 de marzo de 2014

Mi arqueología personal

Repasando archivos antiguos. Ha sido mi pasatiempo esta semana, un pasatiempo un poco extraño, por lo inútil. Reencuentro aquellas creaciones de las que estuve orgulloso y que hoy son simplemente correctas. Encuentro los errores del pasado, como los cientos de faltas de otrografía —tildes sobrantes de mi avengraf, a la vez que el léxco impecable —¡imposible llegar hoy a esas alturas!— de alguno de mis cuentos. ¿La trama? La trama vacía, como siempre, pues nunca he conocido a fondo el corazón humano.
(16/3/14, 20.55)

Omega 3

Ya hasta krill comemos.
¿Es que no habrá ningún ser de la creación
que no caiga
bajo nuestras fauces?

martes, 18 de marzo de 2014

Rapero

En el vagón de Metro, un rapero. Siempre son los que más gratamente me sorprenden, aunque su estilo ya no sea el mío. Su manera respetuosa de casi pedir perdón por su música, el arte afectado pero correcto con el que escogía cada palabra, su simpatía, me habrían hecho darle unos eurillos si no fuera porque, para cuando comenzó a cantar, estábamos a punto de llegar a mi transbordo. Espero encontrarlo en otra ocasión.
(16/3/14, 20:45)

lunes, 17 de marzo de 2014

El ocultamiento de lo humano

Nussbaum, Martha C.: El Ocultamiento de lo humano. Repugnancia, vergüenza y Ley. Buenos Aires, Katz, 2006.
ISBN: 84-609-8354-4 (tapa dura), 987-1283-01-6 (rústica).
Precio: 30 euros (Feria del Libro).


Paseando por la feria del libro encontré en un puesto varios ensayos de Martha Nussbaum y elegí este al azar. La autora es una de las filósofas más influyentes del momento, y aunque conocí su obra inicialmente durante el FIPS, no me había interesado por leer completamente un libro suyo hasta que mis estudios de antropología me hicieron leer textos sobre ética.

El ocultamiento de lo humano analiza la influencia de los sentimientos sobre la legislación penal norteamericana, tanto como agravantes o atenuantes de los delitos, y también el uso educativo o punitivo de los sentimientos. Así, la repugnancia sentida por quien comete un delito se ha venido equiparando a la ira como atenuante del mismo (se cita, como ejemplo, el caso de un mendigo que alegó la repugnancia que le causaba la homosexualidad de dos mujeres para rebajar el delito de homicidio a homicidio culposo). También la repugnancia que siente la sociedad ante las acciones del acusado ha venido utilizándose como agravante (por ejemplo, para castigar con más dureza ciertos delitos sexuales cuando eran cometidos por homosexuales). ¿Es lícito utilizar sentimientos dentro de una democracia liberal, como parte de un sistema de derecho que se dice racional?

Marta Nussbaum estudia diversos casos entresacados de la jurisprudencia norteamericana, analizando la evolución histórica del uso de la "repugnancia" en el derecho y los cambios de postura de los magistrados al respecto. Posteriormente, extrapola de este análisis una serie de conclusiones sobre cómo debería ser el respeto a las minorías en una la sociedad liberal.

Entre estas afirmaciones, llama la atención que una autora celebradamente liberal insista en la necesidad de que el estado tutele [aunque no en lo económico] los derechos de los minusválidos, enfermos y ancianos (por ejemplo el derecho de los minusválidos a recibir una educación junto al resto de niños, sin que la "repugnancia" que estos sienten permita su segregación). Frente a otros liberales que culpabilizan a los enfermos por sus enfermedades y a los ancianos por haber llegado a viejos, Nussbaum cree en la necesidad de que el estado elimine las barreras que cotidianamente encuentran las "minorías", y que muchas veces se basan en una visión del mundo hecha a la medida de la mayoría [por ejemplo, los rebajes en las aceras no benefician solo a los minusválidos, sino que pueden beneficiar a otras personas que transporten objetos con ruedas].

(Este post data de 2011 pero hasta hoy no vi que yacía, inconcluso, entre los borradores)

Por qué no soy seguidor de vuestros blogs

Queridos amigos: hoy quise hacerme "seguidor" de muchos de los blogs de mis seguidores. La verdad es que no suelo hacerme "seguidor" porque lo veo un tanto inútil, ya que eso solo me permite ver los últimos posts de vuestros blogs cuando me meto en blogger (no, por ejemplo, en gmail o en otras aplicaciones de google), y en esos momentos suelo estar con las prisas por escribir mis propias entradas. Pero hoy quise hacerme seguidor de vuestros blogs, para que sepáis que sí, que intento leeros de vez en cuando para no perderos de vista, para disfrutar con la prosa magnífica con que lanzáis al mundo vuestros silenciosos gritos. Pero no he podido. No he podido porque sospecho que el "friend connect" que ahora usa google para su sistema de seguimiento de blogs de blogger está vinculado a plus, y plus a youtube (es mi avatar de youtube el que aparece), y mis cuentas de blogger y youtube son la misma pero le tengo dicho a google que no las una. Así que, de momento, no puedo seguiros. Quizá en el futuro decida unir las cuentas. No lo sé. Pero es que mis alumnos me buscarán con más probabilidad en youtube que en resto de la web, y por eso no quiero tener mi nombre en mi perfil de youtube. Aun así, ya os digo, procuro leeros a todos. Por lo menos, un poquito.

Diez años ya

(Esto debería haberlo escrito hace una semana, pero entonces andaba yo corrigiendo exámenes y realizando otras tareas igualmente inútiles)

Diez años ya. Y aunque no hay nada que celebrar, sigo vivo. Diez años que han pasado de un tirón, a pesar de todas las crisis, a pesar de todos los muertos. Diez años en los que hemos perdido muchas cosas, hemos ganado alguna, y, como se dice en España, no podemos quejarnos.

Diez años ya que estallaron las bombas y que, sacudido por un espíritu de civismo que pronto desaparecería en mi, como en tanta y tanta gente, sentí que debía hacer algo. Y como no valía para otra cosa, me puse a escribir. Y escribí, aunque no llegué al lema latino del nulla dies sine linea. Mo: muchos días me quedé mudo, no dije nada. Por discreción. Por pereza. Por falta de tiempo. Por escasez de imaginación. Pero he de reconocer que saqué de mi interior más cosas de las que pensaba.

De vez en cuando, algún conocido del mundo real leyó estas líneas. De vez en cuando, fui yo quien hizo conocidos gracias a ellas. Muchos desaparecieron de mi vida: no supe seguirles la pista, o ellos no quisieron que se la siguiera. A todos los recuerdo con cariño.

Reconozco que mi blog está aquejado de cierto déficit de atención: no me centro en nada, no dedico a ningún asunto la menor profundidad. Pero a cambio, tiene la dudosa cualidad de ser persistente: no sucumbí a la tentación de cerrarlo para abrir otro distinto; es más, de los muchos que tengo abiertos es realmente el único al que dedico algo de tiempo.

Por eso, quien quiera seguirme, me puede localizar. Quizá sea un peligro: mi carta de presentación, cuando cambié de trabajo este verano, fue mi blog. Espero que no leyesen en él ninguno de los artículos más raros. Etiquetados están, así que son fáciles de encontrar. Y es curioso que a veces diga las verdades aquí, en este medio abierto, que puede leer todo el mundo sin contraseña, y no en facebook, donde tengo una cuenta con nombre imaginario y —hasta que tuve que poner mi dirección real para que otros no abriesen una cuenta con ella— correo electrónico falso.

Estos días estoy en uno de mis habituales ciclos depresivos, así que os atormentaré más a menudo con artículos diversos. Es una promesa fácil de cumplir, pues los tengo ya escritos en papeles, y solo es cuestión de decirle a blogger que cuelgue uno cada día, mientras yo tengo mis reuniones de evaluación.

Felicidades a todos los que habéis aguantado vivos estos 10 años que pasan del 11 de marzo de 2014, y felicidades, también, a todos los que habéis nacido desde entonces.

martes, 11 de marzo de 2014

Fracaso

También él quiso fracasar gloriosamente:
¡Un fracaso glorioso, como nadie
sufrió nunca!
¡Una montaña de fracasos, una ruina
gloriosa como un coliseo!
Pero hasta eso fracasó: tan solo
acumuló fracasos cotidianos,
uno tras otro, amenazando con un pedacito
de gloria que asomaba traicionera.
¡Hasta aquella humillación sufrió!

Pero al final, ya resignado,
ya hecho a la alegría de la vida,
pudo al fin saborear, amargo
como un tónico de quina, aquel fracaso
que había dejado de buscar.

Lo sintió como un palo,
como un viento frío entre los huesos,
como la resaca de una gran borrachera
y entre todos se alzó gritando: ¡he fracasado!
¡Miradme, he fracasado...
Lo conseguí cuando ya no lo quería!

No saber

Ya te dije mi amor, que no se amarte,
que sólo se vivir conmigo mismo:
que tiemblo al asomarme hacia tu abismo
dejándome por un momento aparte.

Ya te dije que no es falta de arte
esta ignorancia del romanticismo:
sino que siempre me pudo el egoísmo
y ya olvidé hasta cómo desearte.

Por eso no esperaba estos temblores,
esta palpitación de adolescente
que amenazan romper mi aburrimiento:

Por favor, no me saques los colores,
no te rías de mi si es evidente
que no saber quererte es mi tormento.